viernes, 7 de enero de 2011

MUSEO DE RONDA Tras las huellas de los bandoleros


Un lance amoroso o una disputa por la tierra eran los principales motivos por los que se echaban al monte • Una posada museo, un afamado restaurante o una marca de vino recuerdan a estos personajes del romántico XIX
Héroes o villanos. Realidad o leyenda. Mucho se ha escrito sobre la figura de los bandoleros, personajes que buscaban refugio en las sierras para esconderse de la autoridad por algún crimen cometido. La mayoría de los delitos tenía su origen en una riña amorosa o por la tierra. La provincia de Málaga tiene famosos bandoleros cuyas hazañas criminales fueron engrandecidas por los hispanistas románticos del siglo XIX. Fueron descritos como generosos hombres que robaban a los ricos para entregar a los pobres, galantes y defensores de una tierra libre de terratenientes. También, asesinos despiadados, bravucones, y ladrones desalmados. La valentía y el conocimiento de una sierra a la que se encomendaban con la ayuda de los cortijeros a los que les daban protección han sido contadas en películas como Pasoslargos, La reina de Sierra Morena, La Duquesa de Benamejí, Sierra de Ronda de Florian Rey o la famosa serie Curro Jiménez.

En la actualidad, son los pueblos que los vieron nacer quienes continúan el mito a modo de reclamo turístico. Así, la huella indeleble de los bandoleros cruza la provincia, desde el poniente Axárquico hasta Ronda pasando por la comarca de Antequera con el célebre José María El Tempranillo que tiene una ruta turística entre el triángulo compuesto por Jauja, su tierra natal, Baldelatosa y Alameda donde esta enterrado y a la que le unían vínculos familiares. También en Ronda donde Tragabuche, un torero gitano, da nombre a uno de los más afamados restaurantes de Málaga o el vino Pasos Largos, el último de los bandoleros, que es de los más conocidos de las Sierras de Ronda.

"Es un fenómeno social y por tanto a tener en cuenta. El Bizco de El Borge aparece en numerosas guías o libros de historia. No hay que estar acomplejados porque forma parte de la cultura popular", explica José Antonio Ponce, alcalde de El Borge y gran entendido de la historia de los bandoleros malagueños, quien reconoce que es difícil separar la leyenda de los datos históricos.

Su interés por estos personajes vino de su paisano El Bizco de Alborge, como también se le conoce. Tiene recopilados decenas de artículos, ha escrito relatos seriados sobre las aventuras de los caballistas axárquicos y ha sido el impulsor de la Posada de El Bandolero, un enclave de propiedad municipal. En ella se pueden encontrar desde los uniformes de la Guardia Civil de entonces, hasta las indumentarias de los forajidos, litografías de la época, trabucos y escopetas. Cada una de las seis habitaciones tiene el nombre de un bandolero.

Bajo la iniciativa de Ponce también se puso el nombre a una calle y se construyó una fuente en homenaje. "Son un gran atractivo turístico. La posada está levantada sobre un edificio del XIX que pudo ser la casa natal de El Bizco, el mobiliario es del mismo siglo y los visitantes cuando están allí se trasladan a esa época romántica", describe el regidor. Otro ejemplo, es la veleta de la iglesia que tiene un agujero que dicen que hizo de un disparo El Bizco, "la historia apasiona los turistas", cuenta el alcalde quien asegura que muchos de los famosos capítulos de Curro Jiménez estaban inspirados en la partida de El Bizco de El Borge.

Uno de sus otros dos componentes era Melgares, al que llamaban El Estudiante porque de niño un cura le había instruido y sabía leer y a escribir. Además, era de Algarrobo (similitud con el personaje interpretado por Álvaro de Luna y que pudo originar en la ficción dos identidades distintas). El otro, Frasco Antonio, era de Vélez-Málaga. Murió en la céntrica calle de Las Tiendas a manos del sargento Monteón. No hay ninguna placa que lo recuerde. De ellos, no existe constancia en sus municipios natales.

Dicen que fue una partida peligrosa. Luis Muñoz García El Bizco recibía este nombre por su estrabismo. Sin embargo, todos los historiadores coinciden en la gran puntería que tenía. Sus inicios tienen que ver con un problema de faldas. Mató a un pretendiente de su novia en Alfarnate. Luego hizo lo mismo con el hermano de una amiga a la que presuntamente había dejado embarazada. Dicen de él que era valiente, generoso y despiadado a la vez. Muchas anécdotas cuentan de él y de sus socios, que robaban a los terratenientes por la fuerza, mediante el secuestro o disfrazados de frailes o de la misma Guardia Civil. El Bizco murió envenenado con una taza de chocolate en el Cortijo Grande en Lucena cuando se disponía a abandonar las fechorías para montar un café en Madrid. Fue en 1889. Ya se sentía mayor para las fechorías. Una copla lo atestigua. Los ancianos de El Borge todavía cuentan sus historias.


BANDIDOS EN RONDA

José Ulloa, más conocido por Tragabuches es posiblemente con José María El Tempranillo, el más conocido de los bandidos malagueños. También en la actualidad, por el afamado restaurante de la calle Aparicio de Ronda. Sus hazañas se remontan a principios del siglo XIX y según el historiador y literato Hernández Girbal, fue el más sanguinario y cruel de la famosa partida de Los 7 niños de Écija. No se sabe nada sobre su muerte ya que fue el único que escapó de la Guardia Civil cuando fue capturada la banda.

Tragabuches era torero y gitano. Heredó el apodo de su padre, al que le atribuían haberse comido un burro recién nacido en adobo. Nació en Arcos de la Frontera, pero fue considerado rondeño de adopción. Allí ingresó en la escuela de torear que había organizado Pedro Romero bajo el patrocinio de la Real Maestranza de Caballería. Fue banderillero muchos años y tomó la alternativa en la Plaza de Toros de Salamanca en 1802. Dicen que era violento, rudo en el trato y contrabandista.

Pero su salto al bandidaje, lo dio cuando una noche cayó del caballo en el que viajaba hacia Málaga para participar en una corrida con motivo de la vuelta a España del rey Fernando VII. Entonces regresó a su casa y se encontró a su mujer, la bailaora La Nena, de la que estaba enamoradísimo, con Pepe El Listillo, un sacristán al que degolló tras encontrarlo escondido en una tinaja. A ella la arrojó por el balcón. El parricidio tenía pena de horca así que se echó al monte. También era cantaor, y se conserva una letra atribuida a él: "Una mujer fue la causa/de mi perdición primera./No hay ningún mal de los hombres/que de mujeres no venga".

Casi un siglo tendría que pasar para que saltara a escena otro de los famosos bandoleros rondeños: Francisco Flores Arocha. Murió a comienzos del segundo tercio del siglo veinte. Como casi todos, "murió matando". Su internamiento en la sierra obedece a una cuestión de tierras. Quiso una finca de su suegro y para ello mató a toda su familia. Fue famoso en toda la prensa nacional el crimen de Fuenfría.

Cuenta el escritor Hernández Girbal, que era natural de Igualeja y tenía ya 35 años cuando cometió los crímenes. Se dice que su romance llegó a tentar a Federico García Lorca, hasta cuya casa de Granada llegaron los sucesos, pero no sería él quien lo escriba. Lo hizo poco después el poeta malagueño Miguel Pérez Martos. En 1934, murió tras ser acorralado por la Guardia Civil en la sierra de Marbella.

Juan Mingolla Gallardo Pasos Largos fue el último bandido malagueño. Murió en 1934. Su historia es la más diferente a la del resto. Era natural de El Burgo. Estuvo en la guerra de Cuba y cuando volvió se hizo un experto cazador furtivo. La denuncia de un cortijero le llevó a matar a su familia. Fue encarcelado en Figueras, y tras años de reclusión, fue indultado. Volvió a las andadas. Fue acorralado en la sierra y herido. Bajó hasta Ronda donde se entregó. Fue enterrado en la ciudad del Tajo.

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