miércoles, 22 de junio de 2011

Júas PROHIBICIÓN --- ¿COMO SE ATREVE DE LA TORRE?



CREÍAMOS QUE FRANCISCO DE LA TORRE, AL CONTRARIO QUE EL ALCALDE PSOÍSTA, ERA RESPETUOSO CON LAS ESENCIAS Y TRADICIONES DE MÁLAGA. Pero No. Fue Aparicio quien nos obligó a plagiar celebraciones foráneas y también fue él quien peleó denodadamente por quitarnos todo lo que nos caracteriza.

Y AHORA RESULTA QUE DE LA TORRE TAMBIÉN HA DECIDIDO MATAR EL ALMA POPULAR MALAGUEÑA

Es indispensable para el PROGRESO SOCIAL, ECONÓMICO Y CULTURAL de Málaga que mantengamos, respetemos y desarrollemos nuestras costumbres y tradiciones.

REPRODUZCO A CONTINUACIÓN UN PASAJE DE MI NOVELA “LA DESBANDÁ, DONDE CUENTO LO MULTITUDINARIAS QUE ERAN LAS FIESTAS DE JUAS ANTES DE LA GUERRA.

-No, déjalo. ¿Vas a ver los júas?
-¡Claro!
-¿Con quién?
-¿Con quién va a ser? ¡Con mis amigas! Nos veremos por ahí.
Ruborizado también a causa de lo que parecía una cita, Mani echó a andar calle abajo. Su determinación de ser admitido junto al Templao habíase redoblado. Daría un paseo por Huerto de Monjas, Ollerías, Parra y Molinillo, para ver los júas que habían ideado en otras calles y matar así el tiempo hasta que el milagro se produjese.
La de los júas no era una fiesta planificada por el ayuntamiento; se trataba de una celebración espontánea para la que nadie tenía que ser convocado, porque respondían a impulsos ancestrales. Nunca eran las mismas personas las que formaban equipo para confeccionar los fantoches ni los grupos procedían de la misma casa o calle, porque se ponían a hacerlo en el instante en que se les ocurría la idea y recurrían a la ayuda de quien estuviese más cerca, con frecuencia los novios, compadres o amigos procedentes de otros barrios. Había mucho de mimetismo y deseos de superar al vecino al idear el júa, porque intentaban simbolizar lo que odiaban pero de manera que el fantoche resultante hiciera gracia. Pobres extremosos sin excepción, echaban mano de los muebles viejos y carcomidos, de la ropa desechada por andrajosa y de todo cuanto estuviera tan detereriorado que no les sirviera ni a ellos. Carentes de la menor pretensión artística, sin embargo algunos alcanzaban niveles sorprendentes de ingenio, de modo que la tosquedad del muñeco era olvidada por la apreciación del gracejo natural de los autores, que éstos reforzaban con los rótulos que les colgaban del cuello o situaban ante ellos. Mani se rió mucho frente a "Indalecio Prieto metiéndole mano a la reina Victoria Eugenia", "Raquel Meller buscando la pulga en la bragueta del obispo" y un fantoche con un pene monstruoso, erecto, que rezaba "Soldadito presentando armas a Sanjurjo"

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