miércoles, 24 de agosto de 2011

NO VALORAMOS LO SUFICIENTE A MORENO CARBONERO



No hace mucho se celebró el 150 aniversario de su nacimiento, donde el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga y la Academia de Bellas Artes de San Telmo le homenajean con una exposición que reunió un conjunto de las obras más representativas del creador malagueño.

Moreno Carbonero fue académico de la de San Fernando, premiado con las cruces de Alfonso XII, Carlos III e Isabel la Católica, además de haber conseguido innumerables medallas y premios de todo tipo.

Fue un niño prodigio, ingresando con diez años en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, donde fue discípulo de Ferrándiz. Con sólo doce años consiguió medalla de oro en una exposición de Málaga, a la que siguieron muchas otras en las nacionales. Representó el arquetipo de artista académico, llegando a ser catedrático de Bellas Artes y Académico, además de conseguir vender sus cuadros de historia a precios astronómicos y ser el retratista favorito de la realeza y la aristocracia.

Su obra de brillante colorido y de cuidado dibujo, evidencia la influencia de Fortuny. Se centró, sobre todo, en la temática histórica (El príncipe de Viana) y literaria (en especial escenas del Quijote) y en el retrato (Alfonso XIII).

El Museo de Málaga conserva más de treinta obras suyas. Entre sus dicípulos se encontraban Salvador Dalí y Juan Gris.


Resumen Biográfico

b]José Moreno Carbonero[/b] (Málaga, 28 de marzo de 1858 - Madrid, 15 de abril de 1942); pintor español. Retratista y pintor de temas históricos.

Destacó en el dibujo muy joven, y en 1868 ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Málaga, donde estudió con Ferrándiz. En 1870 consiguió la medalla de oro en una exposición de su ciudad natal, Málaga.

Moreno Carbonero fue conocido como pintor academicista, y también ejerció la labor docente como catedrático de Bellas Artes. Asentó su fama en los cuadros de historia, que fueron muy premiados en su tiempo y en el retrato, especialidad por la que fue muy solicitado por la familia real y la aristocracia. Fue, asimismo, académico de la Real Academia de San Fernando de Madrid.

Sus obras más relevantes son El príncipe de Viana, La conversión del duque de Gandía y Entrada de Roger de Flor en Constantinopla (1888). Gran parte de su obra se puede contemplar en el Museo de Bellas Artes de Málaga, también destaca Encuentro de Sancho Panza con el Rucio, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

José Moreno Carbonero tuvo por alumnos a Juan Gris y Salvador Dalí.

Obras


Entre sus obras se pueden citar:

- La marquesa del Pazo de la Merced, 1906 (Museo de Salamanca).
- Desembarco de Alhucemas, 1929 (Alto Estado Mayor de Madrid).
- Doña Blanca de Navarra, (Universidad de Santiago de Compostela, La Coruña).
- El vaso de agua, (Consulado de España en París).
- La meta sudante, 1882 (Museo Provincial de Bellas Artes de Málaga).
- La conversión del duque de Gandía, 1884.
- Montero con perros.
- El príncipe don Carlos de Viana, 1881.
- Encuentro de Sancho Panza con el Rucio, 1876-1878 (Museo de Bellas Artes de Sevilla).
- Don Quijote y los molinos de viento, (Museo de Jaén).
- Don Álvaro Brake y Travesedo de la Cerda y Fernández Casariego, marqués de Villablanca, de cazador, 1929 (Museo de Jaén).

Ver vídeos interesantes de la obra de José Moreno Carbonero:
http://www.youtube.com/watch?v=2gU9MGxF0f4
http://malagapintada.blogspot.com/2...rbonero_09.html
http://www.tu.tv/videos/jose-moreno-carbonero

Algunas obras muy destacables

Conversión del duque de Gandía. Autor: José Moreno Carbonero. 1884. Características: 315 x 500 cm. Museo del Prado. Gracias al lienzo protagonizado por el príncipe don Carlos de Viana, Moreno Carbonero consiguió la ansiada pensión para estudiar en Roma y París. Como estudio de segundo año de pensionado realizó el lienzo que contemplamos, enviado a la Exposición Nacional de 1884, obteniendo de nuevo la primera medalla. El cuadro presenta la renuncia al mundo de don Francisco de Borja, marqués de Lombay y duque de Gandía, tras contemplar el putrefacto cadáver de doña Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, fallecida en Toledo el 1 de mayo de 1539. Su cuerpo fue conducido a Granada por expresa orden de la finada, sucediéndose en esa ciudad andaluza la escena que Moreno representa. La belleza de la emperatriz cautivó a toda la Corte, especialmente al duque de Gandía, encargado de trasladar el cadáver a su lugar de enterramiento y entregarlo a los monjes. Cuando el féretro fue abierto y el duque contempló el cuerpo descompuesto de su señora, pronunció la famosa frase "Nunca más serviré a un señor que se me pueda morir", ingresando años después en la Orden de Jesús, llegando a ser canonizado. El marqués aparece representado en el centro de la composición, inclinando su cabeza sobre un gentilhombre al que abraza. Tras estas figuras contemplamos a un canónigo mientras varios hombres y mujeres se pierden en la penumbra. La zona derecha está ocupada por el féretro, colocado sobre un túmulo que se cubre con un grueso paño decorado con el águila imperial bordada. El féretro es abierto por un hombre que se tapa la nariz para evitar el hedor, observándose el rostro aún bello de líneas de la emperatriz, a pesar de su avanzado estado de descomposición. La emperatriz lleva las manos sobre su pecho y un velo blanco y vaporoso cubre parte de su rostro. Un niño mira al cadáver con espanto y a su lado, una dama se cubre la cara con las manos. Carbonero domina el dibujo y la reproducción fiel al tacto de las diferentes superficies, empleando una materia pictórica jugosa y suelta que recuerda a los grandes maestros del Barroco español. También llaman la atención los espléndidos retratos de algunos personajes, así como la correcta iluminación dramática que envuelve la cripta, penetrando por el ventanal visible en el lado izquierdo y por un foco ajeno a la composición. En el estilo empleado por Carbonero encontramos ecos de Pradilla.

El príncipe Carlos de Viana, de José Moreno Carbonero. 1881. Óleo sobre lienzo 310 x 242 cm. Museo del Prado. Madrid. A la Exposición Nacional de 1881 presentó Moreno Carbonero este lienzo, consiguiendo una primera medalla. El lienzo nos presenta al príncipe don Carlos (1421-61), hijo primogénito de Juan II de Aragón y Blanca de Navarra, heredero al trono de ambos reinos. El príncipe cayó en desgracia tras las segundas nupcias de su padre con doña Juana Enríquez, madre de Fernando el Católico. La popularidad del príncipe en Cataluña motivaría que fuese hecho prisionero por orden real. El saberse despreciado para la sucesión a la corona y el fracaso de los distintos pactos y tratados auspiciados por él, le llevaron a aceptar con resignación su sino y retirarse de la política para llevar una vida dedicada al estudio y la lectura, huyendo a Francia en primer lugar y posteriormente a Nápoles, donde se refugió en un monasterio cercano a la localidad de Mesina, lugar en el que el pintor emplaza al personaje. Don Carlos viste un grueso manto de pieles y se adorna con un gran medallón al cuello, apareciendo en la soledad de la biblioteca conventual, sentado en un sitial de estilo gótico, con la única compañía de su fiel perro a los pies. El príncipe parece pensativo, con gesto de amargo desencanto, recostado sobre un almohadón al tiempo que apoya su pie izquierdo en otro, con la mirada perdida mientras sostiene en la mano un legajo que acaba de leer. Ante él se observa un gran libro en un atril, destacando la librería del fondo, con grandes tomos encuadernados, ocupando el primer plano varios rollos de documentos y grandes volúmenes. El pintor ha reducido la narración a una sola persona, al protagonista, concentrando su atención en mostrar la personalidad interior del personaje, melancólico e introvertido, y en los elementos accesorios que envuelven su figura y que adquieren un protagonismo tan destacado como el propio príncipe. Todos los objetos que le rodean introducen al espectador en el ambiente de abandono, concibiendo todo el conjunto de manera vetusta, de tal manera que hasta los colores son austeros. La luz está muy bien estudiada y la pincelada empleada por el pintor es bastante rápida y empastada, siguiendo el estilo de Pradilla. El lienzo fue adquirido por el Museo del Prado por 5.000 pesetas.

Entrada de Roger de Flor en Constantinopla (Septiembre de 1303). 1988. Óleo sobre lienzo, 350 x 550 cm. Palacio del Senado. Madrid. Moreno Carbonero fue seleccionado para realizar uno de los lienzos que decorarían el salón de conferencias del Senado. El protagonista de la composición será Roger de Flor, aventurero natural de Nápoles que dirigió una expedición de tropas aragonesas y catalanas a Constantinopla para salvar al emperador del peligro turco, en el año 1303. Roger, vistiendo de azul con cadenas de oro, aparece en la izquierda de la escena, llevando los atributos de mega-duque -el alto gorro y un cetro de oro en forma de bastón- sobre un caballo decorado con arneses bizantinos. Al frente camina su paje portando el caso y a la izquierda se sitúa el oficial con un caballo blanco, tras él un caballero con la bandera de San Jorge y en primer término las tropas, los temibles almogávares, vistiendo uno de ellos la bandera catalana. A la derecha, sentado en un trono dorado aparece el viejo emperador Andrónico Paleólogo y su hijo Miguel, rodeados de su corte. Al fondo se ve la iglesia de Santa Sofía. Aunque la estructura compositiva del cuadro es algo repetitiva, Moreno consigue un impresionante efecto visual al colocar el plano de la calzada donde ocurre el desfile a la misma altura del espectador, debiéndose contemplar el cuadro desde un punto de vista muy bajo. El pintor hace gala de su firme dibujo, un sensacional trabajo de documentación arqueológica -se documentó en París sobre el arte y la orfebrería bizantina-, una extraordinaria precisión en los detalles y un excelente verismo para resolver los personajes, destacando sin duda la paleta clara y la sensación atmosférica creada al captar la escena al aire libre, para lo que no dudó en poner el lienzo en la plaza de toros de Málaga, donde desfilaron sus amigos como modelos. El Senado recompensó al pintor con 40.000 pesetas.

La condesa de Yebes. Retrato inédito de los modelos singulares de José Moreno Carbonero. En este artículo se analiza el retrato que Moreno Carbonero hizo a la Condesa de Viñaza y su hija, una niña de tres años que con el tiempo sería, por su matrimonio Condesa de Yebes y ocuparía un lugar destacado en la vida cultural y social de la España de su tiempo. Escritora, historiadora, mujer de gran belleza y elegancia fue centro de atención por distintos conceptos y reunió en torno suyo a los más destacados intelectuales de la llamada "Generación del 27", convirtiendo su casa en lugar de reunión de personajes españoles y extranjeros de la política, las bellas artes y el pensamiento.

Don Quijote y Sancho. De José Moreno Carbonero figura en la colección que estudiamos una de sus obras características inspiradas en los protagonistas cervantinos. El romanticismo de este pintor ilustre halló rico venero para su casticismo temático en la obra inmortal que tantas veces le sirvió de asunto en su pintura; este magnífico grupo de "Don Quijote y Sancho", dentro de la más pura tradición realista consubstancial a la pintura hispana, es índice elocuente de toda una tendencia en el arte español del siglo XIX y, al mismo tiempo, de la modalidad personal del famoso pintor malagueño.

Retrato de Pío Baroja. A medio camino entre dos siglos, la figura de José Moreno Carbonero se encuentra más cercana a la escuela andaluza decimonónica. Niño prodigio, ingresa con tan sólo diez años en la Escuela de Bellas Artes de Málaga. Desde entonces, su obra se centra en los cuadros de historia, la vida cotidiana andaluza y la temática orientalista, que inaugura tras un viaje a Marruecos junto a su maestro, Bernardo Ferrándiz. Su formación se completa en París e Italia, donde viaja como pensionado de la Diputación Malagueña, y con las enseñanzas de Raimundo de Madrazo. Reconocido como uno de los grandes pintores académicos de la época, gracias a su excelente técnica y su realismo, en 1892 es nombrado catedrático de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, de la que es también académico. Sus incursiones en la pintura de género le convierten en un solicitado retratista de la alta sociedad del momento. Como muestra de ello, tenemos este pequeño retrato del escritor de Pío Baroja. La extraordinaria técnica de Moreno Carbonero, que al tratarse de un breve apunte se libera de los rasgos más académicos de su estilo, nos ofrece un retrato muy vivaz, cuya máxima expresividad se encuentra en los ojos, en el gesto y en la pose del personaje. Esto da lugar a un extraordinario retrato de Pio Baroja, quien en tantas ocasiones fuera retratado por sus amigos pintores, como es el caso de Daniel Vázquez Díaz, del que se conservan dos extraordinarios dibujos del escritor en las colecciones MAPFRE.

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