domingo, 7 de julio de 2013

LOSPRIMEROS RETRETES DE MÁLAGA


La Alcazaba conserva un barrio medieval con ocho casas,
calles perfectamente trazadas, 
baños, muros y escaleras del siglo XI

Diario sur 7-7-2013

Las murallas de la Alcazaba conservan un tesoro. No está a la vista, porque la visita al público está prohibida. Tampoco es fácil de distinguir desde las murallas que la rodean, ya que sólo se aprecian las restauradas cubiertas. Pero tras el palacio nazarí y en dirección a la torre del Homenaje se encuentra un barrio medieval, edificado en el siglo XI, que conserva el trazado de las calles y la planta de ocho viviendas en las que se pueden apreciar aún solerías, arranque de muros, escaleras, zócalos policromados e incluso letrinas usadas por las personas que habitaron este barrio, seguramente al servicio de los caudillos y gobernantes de la fortaleza. Para algunos expertos se trata del barrio más antiguo de Málaga e incluso de España y llama la atención el interés por la higiene, con baños públicos y letrinas en las viviendas, con un sistema de cañerías que aún hoy día se mantienen en buen uso.

Su ubicación, en la zona más oriental del recinto amurallado, pudo ser un factor determinante para su conservación. Hay que recordar que la Alcazaba fue, tras la expulsión de los árabes, un recinto militar y un barrio de viviendas humildes. El barrio está formado por ocho casas, de diferentes tamaños, dos con más de 180 metros cuadrados, tres de 80 y 85 metros cuadrados, dos de unos 50 y otra que no llega a los 35 metros cuadrados.

En todas ellas se puede apreciar la distribución de las habitaciones, con un patio central que recogería el agua de lluvia. En algunas se conservan los primeros escalones de una escalera que llevaría a una planta superior o azotea y en casi todas se ha conservado la letrina, un agujero en el suelo conectado con un sistema de cañerías que evacúa los excrementos fuera de la ciudad.

El barrio de viviendas de la Alcazaba no tiene nada que envidiar a un barrio moderno. Calles bien trazadas, casas con letrinas y sistema de canalización para evacuar las aguas residuales son algunos de los aspectos que más llaman la atención y que dan muestra de los grandes conocimientos de los musulmanes en temas urbanísticos, así como su interés por el saneamiento en las viviendas. Las calles conservan el pavimento original de placas de caliza o arenisca, que reflejan en su superficie asurcada el paso de los siglos. Todas las casas tienen un patio central, que hace de distribuidor de las habitaciones. También se conservan en los patios la solería original. Al patio se accede desde la calle por una entrada única pero independiente y frecuentemente acodada, elementos que garantizan un nivel de aislamiento deseado, típico del mediterráneo en general y del musulmán en particular.



La construcción del barrio pudo ser contemporánea a la de la propia fortaleza –siglo XI– pero, a diferencia de ésta, que fue aprovechada por los conquistadores cristianos, el barrio se abandonó y las casas terminaron por derrumbarse. Los propios restos de las edificaciones así como el paso del tiempo terminaron por enterrar patios, calles y cimientos, algo que sirvió para que estos restos pudieran llegar hasta nuestros días. Por esto, en el plano de la fortaleza de 1773 que publicó Guillén Cuervo en ‘La Málaga musulmana’ (1880) este espacio aparece yermo y sin edificación alguna. El descubrimiento del barrio y los primeros trabajos arqueológicos tienen lugar entre 1937 y 1941. A partir de esta fecha, el arquitecto restaurador de la Alcazaba, Francisco Prieto-Moreno, interviene en su rescate. Se han documentado ocho viviendas. Una de ellas es el actual taller de restauración de la Alcazaba y otras dos quedaron sin restaurar. El resto fueron objeto de una intensa restauración en los años setenta, de manera que se levantaron muros, construyeron segundas plantas y se cubrieron con tejados a dos aguas.

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