domingo, 24 de noviembre de 2013

El coche volador de matrícula española

El coche volador de matrícula española
España se convierte en el primer país del mundo en comercializar un coche volador. Este es el titular que a Carlos Matilla le gustaría ver impreso en los periódicos algún día no muy lejano. De momento se tiene que conformar con este otro: Un joven ingeniero busca dos millones de euros para cumplir su sueño. Carlos tiene claro que entre un titular y otro no deben pasar más de un lustro. El promotor del primer coche volador español es un estudiante madrileño de 25 años que está en el último curso de ingeniería aeronáutica y prepara el proyecto de licenciatura de ingeniería naval en la Universidad Politécnica de Madrid. Al chaval, desde luego, no le va a faltar trabajo.
Pero desde hace ya unos meses, todas sus energías se las lleva el Helikar, el primer coche volador con matrícula española, un ingenio capaz (de momento solo sobre el papel) de cubrir la distancia entre Madrid y Granada (430 kilómetros) en una hora y sin repostar.
Carlos es la cara en España de la empresa Fuvex (nombre con el que rinde homenaje a Fuve, la asociación universitaria con la que compite en concursos internacionales de artefactos no tripulados) que creó junto a José Joaquín Vila, un veterano ingeniero experto en helicópteros que propuso al joven la idea del Helikar al observar su talento después de colaborar en la versión ‘drone’ de un autogiro. Vila trabaja en México DF, donde cada día cientos de altos ejecutivos y millonarios recurren al helicóptero para salvar los salvajes atascos de la capital azteca y, de paso, la posibilidad de sufrir un secuestro. Lo mismo sucede en Sao Paolo, Singapur o Nueva York. Fuvex vio ahí una oportunidad de negocio y se puso a trabajar en todo el tinglado técnico y en el diseño del aeromóvil, que recuerda a los coches voladores de ‘Blade Runner’, una película que h servido de inspiración a Matilla.
Desde el jardín
A diferencia de otros prototipos de coches voladores, el Helikar no necesita ninguna pista de despegue o aterrizaje porque se eleva y toma tierra verticalmente, como los Harrier. Y no es tan aparatoso como los helicópteros pues sus rotores van carenados, es decir protegidos por el chasis del coche, lo que le permite al piloto/conductor despegar desde el jardín de su casa… que, con lo que cuesta el aparato, seguro que lo tiene y bien grande. El aeromóvil saldrá al mercado con un precio inicial de un millón de euros con la idea de ir rebajándolo hasta los 250.000 euros, a medida que vayan aumentando los pedidos.
La vieja ley de la oferta y la demanda podría ‘abaratar’ el Helikar, pero nunca hasta el extremo de ponerlo al alcance de las clases medias y llenar el cielo español de coches voladores. De hecho, el coste por hora del Helikar, con mantenimiento incluido, sale a 300 euros la hora, una cantidad solo para bolsillos pudientes, aunque ciertamente bastante más reducida que lo que vale una hora de helicóptero.
El Helikar, que funciona con queroseno (15 litros a los 100), el mismo combustible que emplean las aeronaves, está diseñado para volar a tres mil metros de altura, aunque lo normal es que lo haga a unos mil. Pesa 700 kilos, tiene una autonomía de mil kilómetros y capacidad para trasladar a dos personas con 40 kilos de equipaje. Para su manejo, el conductor dispondrá de la ayuda de un piloto automático y en el caso de accidente en el aire, un paracaídas hará que el coche caiga suavemente, con tiempo suficiente para desalojar la zona de impacto, si por ejemplo se trata de la avenida de una ciudad.
Una llamada esperanzadora
Matilla busca en España (pero también en México, Estados Unidos, Brasil…) dos millones de euros para construir el primer prototipo cien por cien español. Su entusiasmo es tan grande que ha llamado a la puerta de todo lo que se mueve en el mundo de las finanzas: fondos de inversión, pequeños inversores, instituciones… Desde que la idea saltó a los medios ha recibido una avalancha de llamadas interesándose por el proyecto. Hay quien incluso ya se ha comprometido a aportar cantidades muy respetables (50.000 euros), pero el objetivo de reunir los dos millones que obrarían el milagro aún está lejos.
Uno de los contactos que más ilusión ha hecho a Carlos ha sido el del aeropuerto de Teruel, que aspira a convertirse en el primer aeropuerto industrial de Europa. “Está en un sitio perfecto para realizar los ensayos técnicos del Helikar. Además en Teruel he encontrado muchas ganas de emprender, desde el alcalde hasta el camarero que te pone el café”.
-¿Y por qué no os lleváis ya el proyecto a Teruel?
-Por dinero. Porque nos dejan las instalaciones del aeropuerto a buen precio… pero no gratis.
Todos los inversores que han contactado con Fuvex tienen que firmar un contrato de confidencialidad. Carlos no “vende motos”. Él y sus compañeros universitarios de Fuve han cosechado en Estados Unidos importantes éxitos con un autogiro no tripulado y un submarino también no tripulado que incorpora un novedoso sistema de propulsión sin hélices. “Estamos convencidos de que hemos dado con el modelo de coche volador y que va a funcionar. Lo tenemos muy definido y confío plenamente en nuestras posibilidades. Ya es hora de que España sea referente en el campo de la tecnología”, dice el joven ingeniero con una convicción que resulta difícil no creerle.
Así que en nuestro país, cuna de célebres científicos e inventores como Juan de la Cierva (padre del autogiro, precursor del helicóptero) e Isaac Peral (el creador del primer submarino torpedero) parece que aún queda banquillo. Pero las buenas ideas vuelan… y a Carlos Matilla lo que le hace levitar ahora mismo es encontrar el dinero para poner en marcha su coche volador. “Si es en España, perfecto. Pero si nos llaman de otro sitio, allí nos iremos”, dice con rotundidad.
-¿Y si hoy le llaman para decirle ‘Carlos, tienes el dinero’?
-En dos años tendremos listo el helikar y en otros dos o tres años, si todo va bien, las certificaciones para poder volar, que son muy complejas.
Así las cosas… ¿alguien da crédito?

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