viernes, 8 de mayo de 2015

¿ESTAMOS SUPERANDO 128 AÑOS DE MALBAJÍO MALAGUEÑO?

Durante varias añoradas décadas del siglo XIX, Málaga fue una potencia industrial y encabezaba el desarrollo de España junto a (y a la par) Barcelona. Bilbao llegó después.

Pero tan fulgurante fue aquella prosperidad malagueña como efímera. Tuvimos los primeros altos hornos de España, pero no poseíamos mineral de hierro ni de carbón; de manera que el Rif marroquí experimentó cierta prosperidad paralela a la de Málaga por su hierro, y el carbón se consiguió exterminando las grandes masas de bosques de pino  chapa que bordeaban nuestras costas.

Resultaba previsible que aquella bonanza industrial, tan poco basada en nuestros recursos, durase poco tiempo. Y la emergente industria textil barcelonesa se lanzó a sabotear la importante industria malagueña de holandas, que decayó dramáticamente; lo mismo hicieron los barceloneses con Intelhorce sesenta años más tarde. Simultáneamente con la decadencia acerera y textil, nos llegó la plaga bíblica de la filoxera, que agostó todo el oriente de los Montes y la Ajarquía en pleno, acabando con la producción masiva de un vino que ya figuraba en los palacios y la literatura rusa desde más de un siglo antes, y que originó en gran medida las famosas vendejas de la bahía, (colas de barcos a la espera de cargar el vino

Desde las postrimerías del XIX, Málaga cayó en la depresión. Y todo lo que vino después parecía habernos sumergido en el malbajío más insuperable. Las rías de 1907, los dramas asociados la guerra con Marruecos, las quemas de 1931 y 1936, en 1937 el éxodo más dramático que había registrado Europa hasta entonces, la posguerra tan  destructora porque se nos consideraba una “ciudad enemiga”, y, para colmo, la indignidad de la sumisión como explotación colonial de Sevilla.

Málaga es una ciudad sorprendente, con mimbres que nosotros mismos no identificamos del todo. De pocos años a esta parte, y aunque continuamos sometidos a las mentiras del poder imperial de Sevilla, da la impresión de que estamos aventando el malbajío.

Se empieza a hablar sin complejos de que vamos camino de convertirnos en la tercera ciudad española (ya lo éramos en siglo XIX) y recorre la ciudad un cierto aire de “todos a una”, como cuando se presiente la llegada de algo maravilloso. Somos una de las comunidades donde más parados piden el pago total del pago para emprender. Se están abriendo negocios inesperados. Llegan inversores con ganas de meter sus picas. Ya, la prensa extranjera señala Málaga como uno de los destinos turísticos más interesantes de Ëuropa. Y el turismo no es un recurso tan escaso como el carbón y el hierro; es un recurso imperecedero.


Parece que el final de túnel ha llegado. Ahora, tal vez se trata de que sigamos el camino, sin precipitarnos en el vacío.   


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